lunes, 14 de mayo de 2012

Si de medallas va...

La cantidad de gente que hay en el mundo que se autoimpone medallas es solamente proporcional al tamaño de sus egos. Gente que desconoce el verdadero significado de lucha, de adversidad, de barrera. Gente que alcanza la cima en helicóptero porque tuvo la suerte (o la desgracia, aun no lo tengo claro) de haber nacido con las conexiones cerebrales justas para estar en el momento justo y en el lugar exacto.

No se me escapa que los hay que lloramos con un solo ojo, mirar alrededor con la mente abierta nos descubre realidades devastadoras que poco o nada tienen que ver con ser más, menos o del montón. Soy consciente que aun viviendo en la parte chunga de la campana de Gauss mi hijo es un privilegiado, porque ha nacido aquí y ahora. Los que le llevamos de la mano solo procuramos lo que yo creo que cada padre en este mundo desearía para su hijo: que sea feliz.

Podría haber ganado miles de medallas a lo largo de sus 10 años de vida: por salir del pozo del silencio, por aprender a relacionarse con la gente, por regalar besos a quien está lo suficientemente cerca para recibirlos, por aprender a escribir su nombre, a masticar, a sonarse la nariz, a ducharse solo, a desvestirse, a ponerse los zapatos, a distinguir la derecha de la izquierda... tantas, tantas medallas que habría una pared entera de mi casa dedicada a él.

La cuestión es que hoy ha ganado una: a la participación deportiva. Y la luce orgulloso. Mi obligación es gritarlo a los cuatro vientos, y enseñarla. Mostrarle al mundo que el trabajo de años tiene recompensa, porque esa medalla tan brillante no es de oro, es de sangre, sudor y lágrimas.


domingo, 6 de mayo de 2012

Saltadora mortal sin red

     Contadora de cuentos. Inventora de mentiras piadosas. Domadora de un ejército de piojos. Observadora de noches sin sueño y días sin probar bocado. Alumna en la academia de las bofetadas de la vida. Sostén de cabezas. Sargento en varios frentes. Pareja. Hija. Hermana. Amiga. Estudiante. Trabajadora. Transformadora de tacos en palabras: del  moño, del miércoles, de la hija de la fruta. Escaladora de valles. Culminadora de cimas. Creyente a ratos.
    Que me humea la frente en  los días primos, de soledades que ya no vuelven. Ni para mí las quiero.
     Electora sin fortuna. Afortunada de tener. Cantaora y cantarina. Bailaora que da el compás.
     Inventé la vida tal y como me vino. Jugando lo que me quedaba aposté sobre seguro. Y  gané: dos ases y un comodín.
     Y desde entonces soy reina de un imperio enano. O profeta en mi casa, donde aletea por el techo mi alma.
     Pero que no soy madre, no. Que yo solo doy saltos mortales sin red.

jueves, 19 de abril de 2012

Tardes de cuore, maroon 5 y terapia

Dentro de muchos años, cuando me decida a dejarme las canas al natural y las recoja en un moñete de abuela, miraré atrás y recordaré las tardes de los jueves con cariño. Ahora mismo, incluso, empiezo a apreciar la necesidad de mis tardes a solas de jueves. En ellas me siento durante dos largas horas en mi coche, con una revista de cotilleos-moda-entretenimientosindarlevueltasalcerebro, mi "Songs about Jane" y lo que me depare el tiempo... Unas veces me doy vueltas por las tiendas, si me llega el presupuesto me compro algo, o le compro algo a alguien... Consumismo en estado puro. Otras me llaman por teléfono y hablo como si en realidad sentara las bases de alguna cátedra, y me escuchan, y parece que lo que digo es importante.

Hoy ha sido una de esas tardes precisamente, lo malo es que tenía delante unos pantalones que hace tiempo quiero probarme, para ver si no parezco con ellos la prima hermana del elefante muerto del Rey y comprarlos cuando los hados sean propicios... Comprus interruptus total, suena el teléfono y me paso los siguientes 35 minutos hablando sobre escolarización, prácticas aberrantes y las implicaciones futuras. Y me he sentido hasta útil. Curioso.

¿Qué es lo que me trajo hasta aquí?, un diagnóstico. ¿Quién en su sano juicio querría estar en mi lugar?, posiblemente nadie. ¿Quién ha aprendido a disfrutar de sus tardes de jueves en otra ciudad?, yo. Porque el problema es mio y me lo como  como quiero.

Y ahora que me caigan 50 años más de condena, que yo ya no me siento diferente, puedo ser tan insustancial como cualquiera...

domingo, 8 de abril de 2012

Antonimia poética entre sinfonías y llaves


Hay quien nace con el don de la música. Como Mozart. El chiquillo cogía un papel y una pluma y te componía una cancioncilla de la época, con sus pentagramas, sus Soles y sus Bemoles, criptografía humana para el grueso de los mortales. No sabemos qué habría hecho un orientador escolar de hoy día con un niñito como el joven Wolfgang Amadeus, lo mismo le subiría de golpe tres cursos o con un poco de "suerte" lo mandaba al aula específica, para ver si aprendía a relacionarse mejor quehayqueverlamaníaquetieneestechiquilloconlamúsica... Ya me imagino a su madre desesperadita la criatura, buscando normalizar la situación, que ni calvo ni con tres pelucas, ¡oiga!, pero esa es otra historia que contaré otro día.

La cosa es que lo mismo que Mozart fue precoz en lo suyo y a día de hoy sigue siendo considerado el compositor más genial de todos los tiempos (o al menos el más mediático y eso que 200 y pico años nos contemplan), todos tenemos un don, un touch... y el de mi hijo son las llaves. O mejor dicho, el reconocimiento visual de una llave, que sin usarla previamente sabe a qué cerradura pertenece. Esas cosas no pueden enseñarse, no es como cuando veíamos en aquel programa de la tele de los noventa, "¿Qué apostamos?", a un pequeñajo de 3 años reconocer pintores mirando cartulinas de sus obras. Eso es más o menos enseñable, como atarse los cordones, comer con palillos chinos o hacer macramé a luz de las velas... nadie enseña a reconocer llaves y cerraduras. Aquí el lector avezado se preguntará qué utilidad tiene tal don, si da de comer, si es necesario para la sociedad imperante, si nos facilita la vida en resumidas cuentas.

Y aquí es cuando les dejo la antonimia poética: Mozart con su touch  prodigioso fue un desgraciado durante su corta vida... mi niño, con un manojo de llaves, es el amo del mundo... o del calabozo, para los nostálgicos...

jueves, 22 de marzo de 2012

Lo banal, lo importante y viceversa.

Mi niño es un relaciones públicas... o lo que antes venía a llamarse "ama de casa de patio de vecinas". Coge su llave, se sale al balcón y apostado se queda a verlas venir. ¿Que viene una vecina?, se autoinvita a merendar... ¿Que viene otra vecina?, se va a su casa a ver cómo transcurren las horas. Y es que el carisma no va reñido con otros rasgos de la personalidad aparentemente más importantes y de los que un par de diagnósticos se empeñan en excluirle.

La soltura que demuestra, el don de gentes y esa capacidad para expresar con 4 palabras donde otros necesitamos párrafo y medio... "Mi padre es trabajoso" o "no me gusta la tele negra" pueden ser el grueso de una conversación que dure horas, suficiente para hacerse invitar a un bocadillo de pan-pan (nada de bimbo) y salchichón, no-me-pongas-pavo-que-la-de-la-dieta-es-mi-madre. Y así pasamos las tardes, de la casa 59 a la 61 sin hacer parada en la morada propia, donde su hermano y yo asistimos al sorprendente espectáculo de su confraternización con las vecinas. Atónitos nos deja porque no nos necesita, apenas.

Y así, mientras nosotros nos concentramos en nuestros libros y nuestros deberes, aplicándonos en todas esas cosas que parecen ser importantísimas para la vida moderna: comprensión lectora, matemáticas, el ciclo del agua... Él se pasa las tardes de cháchara, buena conversación al calor de las vecinas, que también disfrutan de su compañía. La delgada línea entre lo banal y lo importante la han marcado siglos de evolución educativa y social. Pero los de a pie vemos y entendemos el mundo con otros ojos, lo curioso es que para aprender a mirar con esos ojos necesitamos, a su vez,  la mirada y la guía de quien está , supuestamente, en riesgo de exclusión social. Curioso mundo este.

jueves, 23 de febrero de 2012

El colmo y la calma

Cuando algo por lo que llevas años luchando, insistiendo, casi, casi instigando para que ocurra, y sucede de pronto delante de tus ojos casi sin esperarlo, se puede decir que es el colmo. Pero el colmo, de colmar... de superar una barrera más. Una de esas cosas que cuando todo funciona a las mil maravillas no eres capaz de apreciar. Nuestra vida discurre a las mil maravillas pero hemos desarrollado el superpoder de analizar lo imperceptible: hoy hemos alcanzado el colmo en la puerta del colegio. Y ya ves tú qué cosa más simple, solo se veían a 20 o 30 niños corriendo hacia dentro como cuando van los toros por la calle Estafeta , a ver quien se ponía el primero en la fila... Pero entre todos esos morlacos iba el mío, corriendo como un descosido aleteando como suele, sin orden ni concierto, ni necesidad. Y nosotros, sus padres, mirando embelesados la normalidad desde la barrera, con una sonrisa de oreja a oreja y un "lamadrequeloparió" que se nos escapaba de los labios. Ya sé lo que debió sentir la madre de Fermín Cacho cuando su hijo cruzó la meta aquella tarde de 1992. Mi niño ha corrido hoy los 50 metros en sprint y con  mochila, su primera vez...

Y la calma, detrás. Su hermano disfrutando del paseo, con calma chicha y sol de febrero, saboreando su soledad tantas veces acariciada en secreto (supongo) de tantos días de querer correr él y que no le dejara. Hoy le miraba en la distancia como el que mira llover, porque él no encuentra nada extraordinario en lo que sucede ante sus ojos, con esa parsimonia que solo los niños pequeños ponen en casi todo... Y me imagino que pensaba lo mismo que yo... "lamedrequeloparió".

viernes, 3 de febrero de 2012

Homenaje

Cuando duerme entro en su habitación en silencio... le toco el pelo, le arropo, le miro. Y evoco en mi recuerdo su mirada tierna y su sonrisa eterna, la combinación perfecta del bebé adorable que fue. Pienso en lo que se ha perdido y en lo mucho que todos hemos ganado con su sola presencia, persistente por definición... porque vino sin querer, queriendo... Y se hizo un hueco a fuerza de ser el primero en hacer tantas cosas.

Cuando duerme me siento en su cama, y pienso en el niño que es ahora: serio, formal, responsable, educado... poco dado a las demostraciones innecesarias de sí mismo. Te regala una sonrisa en contadas ocasiones, hay que ganárselas. En secreto pienso que es su pequeña venganza con el mundo que le arrebató su puesto privilegiado: el del hermano pequeño.

Cuando duerme, o cuando estoy a punto de dormirme yo, en esos momentos en que la lucidez de mi mente nada entre el sueño y la vigilia, y puedo encontrarme con mi otro universo donde no necesito pensar, sino que mis neuronas piensan por mí... es entonces, digo, cuando nos reencontramos haciendo el baile más difícil de nuestras vidas, los dos solos, él empujando y yo también... le abrazo contra mi pecho, es tan frágil y pequeño que temo que se rompa, y le susurro las mil gracias que le debo por haberme elegido, por haber elegido a Salva, por acompañarle y quererle, por ser el compañero perfecto del viaje del que nadie compra billetes por gusto.

Luego despierta, y empieza el ritual: "¡Eloy come!", "¡Eloy vamos, que llegamos tarde!", "Eloy anda , deja que veamos en la tele lo que Salva quiere...". Y Eloy sigue avanzando de puntillas por una vida en la que los demás hemos marcado el ritmo... y él se deja hacer, acostumbrado a ser el hermano mayor que no es.