jueves, 4 de abril de 2013

Es de bien nacidos...

Es muy inquietante saber que me leéis. Estoy segura de que no doy la impresión de ser una persona que tiene mucho que decir.Que hablo mucho sí, pero sin  nada especialmente importante que decir. Y sin embargo,  ahí estáis, leyendo. Leyéndonos. Eso me genera una responsabilidad. Y creo que me gusta.

Entonces es el momento de pararme y reflexionar. O simplemente de daros la gracias. Yo soy muy pesada y doy las gracias por todo, por si acaso mañana viene un platillo volante, me abduce y nunca más volvéis a saber de mí. Imaginaos, yo en el zoo de seres humanos del planeta Cucurrucucú Paloma pensando "jooooo, debí ser más agradecida con los que se quedaron en La Tierra" y sin poder ponerle remedio. Inadmisible.

Así que voy a saldar la deuda. Gracias a los que me leéis incondicionalmente, de los cuales unos dejan rastro y otros no. Unos me lo decís en la calle cuando me veis, y otros no sabéis ni quién soy (ni falta que hace tampoco, ¿verdad?). Unos incluso me recomendáis y otros sufrís en silencio como en aquel famoso anuncio de la televisión. A todos os debo la constancia y la querencia. La comprensión y la capacidad de abrir vuestras mentes. De ver el mundo con mis ojos, que presentan la deformación profesional que te imponen las vicisitudes de la vida.

A pesar de mis tristezas, de mis lamentos, de mis penas, no os dejéis engañar. Soy inmensamente feliz, porque tengo un tesoro lleno de días, de vida, de luces, de color y de millones de sonrisas. Todo lo voy guardando en una cajita y de vez en cuando los saco a pasear en este blog. Un blog que no es el mejor, ni yo la bloggera ideal. Pero tiene un protagonista que es para conocerlo y vivirlo.

Os lo presto. Mi Salva es vuestro Salva. Y esa es mi forma de daros las gracias.

sábado, 9 de marzo de 2013

Piruetas





Naciste, y a partir de ahí el mundo dio un salto mortal con tirabuzón hacia delante...

Se me ocurren mil maneras de seguir esta frase, tantas que me daría para rellenar un libro en blanco de muchas hojas, como poco 4.018, una por cada uno de los días que llevamos juntos. Un libro que podría hablar de lágrimas, de dolor, de frustración... pero también de esa carita que pones cuando eres inmensamente feliz, del brillo de tus ojos, de tus dientes de conejillo, de tus dedos regordetes y blanditos... De tus frases épicas, de tus soledades...

Pero supongamos que lo que nos ha traído hasta aquí es que yo te quiero y tú me quieres. Que un día naciste y yo te cogí entre mis brazos sin tener muy claro qué era lo que sentía por ti. No te conocía de nada, aún me costaba amarte en el sentido estricto de la palabra. Ni siquiera estaba muy convencida de que si hablaba con la enfermera se te llevaría y si te he visto no me acuerdo. 

Menos mal que nunca tuve aquella conversación, porque hoy hace justo 11 años, los hará dentro de un rato a eso de las 14'08 h, y han sido los 11 años con más sentido de toda mi vida. Todo lo que soy ahora, la persona que se sienta aquí y desliza los dedos en el teclado, nació contigo el 9 de Marzo de 2002. Desde ese momento escribimos un presente juntos, la vida es un continuo transcurrir de hoy, hoy, hoy... Imposible no levantarse de la cama cada mañana adivinando horas de incertidumbre,  empeñado como estás en que cada día sea diametralmente opuesto al anterior. Es en  ese aparente caos en el que crecemos todos. Los tuyos.

Y no se me ocurre mejor forma de definirlo: salto mortal con tirabuzón hacia delante¡Sonrisa!, que los jueces hoy nos van a dar un 11. Feliz cumpleaños Salva.

jueves, 21 de febrero de 2013

Preguntadme a mí lo que es justo

Me gustaría poder decir eso de que dentro de unos años recordaremos todo esto y nos echaremos a reír. Pero no puedo porque mañana es solo un adverbio de tiempo, que diría el maestro. El anclaje al presente es obligado, combinado con vistazos al pasado: ¿Dónde estabas y dónde estás?, mi pregunta del millón matutino, cuando cansada de este viaje tan largo me pregunto qué estoy haciendo por ti. Tengo la sensación constante de que no hago nada, de que puedo hacer mucho más, de que podría sacar horas de los 20 minutos entre llevarte a ti a capoeira y recoger a tu hermano del tenis.

En febrero me siento delante de un calendario del año siguiente a ver cómo voy a casar el inglés, con el teatro, la logopeda con los cantos gregorianos... Y me doy cuenta de que no es falta de horas, ni de esfuerzo, ni de ganas, no me falta lucha, ni orgullo, ni casta, ni metas. Me falta dinero. Tan triste o tan sencillo como el puñetero y vil metal. Que vivimos (y lo hago extensivo a tantos que estamos en la misma guerra) pendientes de pagas exiguas y becas aun más exiguas, que nos dicen que se paraliza la ley de dependencia porque hemos abusado del sistema. Ese mismo sistema que me obligó a exhibirte como un mono de feria, en dos, tres o no sé cuántas entrevistas para que te dieran lo que necesitas, ni más ni menos. Que me digan a la cara que he abusado del sistema, yo que guardo cada recibo, cada transacción, cada pago como si mañana fueran a pedirme que se los devuelva. Que me digan que no te dan tu beca de NEE porque tenemos una casa y un garaje, como si eso fuera más importante que esas neuronas tuyas que te llevan por los derroteros que no son aptos para los cánones establecidos.

Es verdad que tenemos una casa y un garaje, pero ellos no te enseñan a leer ni a escribir, como si no fuera bastante con pagarle al banco todos los meses la parte contratante de la segunda parte. Y que, todo hay que decirlo,  generan unos gastos curiosos, como que todos los años me piden que rellene un papel para que nos reduzcan 35 míseros euros en el IBI por ser familia numerosa (verbigracia de este sistema del que se supone que abusamos), porque se supone que de un año a otro, antes de que acabe diciembre, se me ha muerto un chiquillo o me ha salido un tío rico que me ha transformado el adosado en palacete, al más puro estilo Urdangarín. Este año se me ha olvidado y tendré que pagarlo íntegro, puntual, que urge. No como la beca de NEE, que de esa seguimos sin noticias. Será que como el viaje es de allí para aquí, no importa si con ese dinero tengo que pagarte el comedor del colegio, porque total, como todo el mundo sabe este es un carro al que nos hemos subido por gusto. Siempre es un fabuloso lujo formar parte de una estadística: la de los  3.015.400  personas que en el año 2010 se les había valorado su grado de discapacidad.

Que digo yo, que para lo que sirve, mejor te podrían haber metido en la estadística de personas que usan bañadores de flores para ir a la playa. Al menos sería divertido.

domingo, 3 de febrero de 2013

In hell

Anoche pasé un rato amargo por gusto... vimos "Camino" en la primera, y no paré de llorar hasta un buen rato después. Mi cabeza no concibe el adoctrinamiento, concibo la fe, la esperanza de creer que al morir vamos a un sitio mejor a reencontrarnos con las personas que amamos. Concibo que hagamos lo imposible por curar a nuestros hijos, pero no que se nos diga que debemos resignarnos a perderlos...

Vi la Clínica Universitaria de Navarra, otra vez, y pensé que en ese sitio nunca pasaba nada bueno. Ahí se murió la esperanza de que lo de Salva fuera pasajero y renací siendo otra persona distinta. Más fuerte, más centrada, más luchadora. Pero no mejor, porque la inocencia se me fue a tomar viento. Tenía 31 años y me había dado un bofetón contra el suelo. Todavía hoy día  levanto algunos pedazos, otros se quedaron en Pamplona para siempre. Allí perdí yo también la imagen difusa de lo que era mi hijo.

Anoche pasé un rato amargo... no sé si por gusto. Pero me enfrenté a mis miedos, los lloré un rato y hoy tengo que seguir adelante. Porque tengo dos hijos. Porque les necesito. Y porque no puedo perder el tiempo.

jueves, 3 de enero de 2013

Galaxias y lunas

"Mira Salva, si te portas bien, hoy no llueve... porque si te portas mal, el cielo se enfada y entonces empieza a llover, ¿comprendes?, ¿cómo te vas a portar?". Y Salva comprende y otorga...

"Eloy, te acuera que ahí e' none fuimo ar cumpe ne Curro?". Y Eloy también asiente y otorga...

"Sí, Salva, ese sitio se llama "La Galaxia", pero en el cielo hay otra galaxia que está muy lejos". Y Salva mira incrédulo y medio se enfada...

"No voy a cielo, ¿eh?, a cielo no me gutta, ¿que no voy a cielo, mami?". Y yo asiento y otorgo...

"No, mi vida, no vas al cielo".Y  Eloy recoge el testigo empeñado en dar una clase magistral...

"Mira Salva, donde fuimos al cumple de Curro se llama "La Galaxia" pero ahí arriba en el cielo, muy lejos, muy lejos, hay una galaxia que es de color negro y es donde está el sol, la luna y las estrellas". Y capta la atención de Salva, que entorna los ojos y mira por la ventanilla del coche...

"¿Y enone etá la luna, Eloy". Y Eloy piensa, pero solo un segundo, antes de responder...

"La luna está en un sitio muy lejos que se llama China, pero esta noche viene otra vez para que tú la veas". Y Salva sonríe imaginando una luna viajera y Eloy sonríe satisfecho de sus clases de maestro precoz...

Y yo, mientras, me muero de amor.

¿Comprenden ustedes por qué?




martes, 18 de diciembre de 2012

Sobre el amor y otras pequeñeces como la Navidad

Estoy convencida de que el amor está relacionado con tocarse mucho. De los tocamientos impuros hablaremos (o no) otro día, hoy solo hablaremos del amor necesitado de contacto, de abrazos, de besos, de caricias, de afecto. De ese amor puro e innato que no te enseñan en ninguna parte, sino del que sientes porque sí, incluso mucho antes de saber ponerle un nombre a lo que sientes. Amor incondicional, del que se enfada y hace que odies un poco al que amas cuando te enfadas. Del que hace desaparecer tu rencor en milésimas de segundo en la misma proporción. Las personas que se quieren mucho se abrazan mucho, se necesitan mucho, de pensamiento o de acción. Y hay amores que nacen para ser contemplados y aprender de ellos. Doy gracias a Charles y Vincent Chevalier (hermanos ellos) por sus esfuerzos para que más de 100 años después madres como yo pudieran captar momentos como este.

Este es mi regalo para los que nos veis. Por un 2013 que esté lleno de amor y de abrazos. Por un 2013 infinitamente mejor...


lunes, 19 de noviembre de 2012

El universo es una fiesta

Pongamos que se conjugan los astros y de repente conquistamos el mundo. Tú serías el capitán de un ejército de herramientas hablanchinas y yo tu súbdita más fiel. O la mano derecha que organizara con férrea destreza la rebelión de tus auriculares. Saltaríamos de dos en dos los días de lluvia, hoy sí, hoy no... y solo saldríamos cuando ordenara su majestad. O sea, tú. Nadie nos impondría más rutina que la que dictase nuestro (propio)  sentido común y viviríamos en la parte del globo donde no hubiera una borrasca. Hoy Pernambuco, mañana Fernando Poo, ¿y pasado?, no sé, el Polo Norte... Tendríamos a todos los perros del mundo a nuestro servicio y le pediríamos a Eloy que los cuidara, que nos cuidara, que diera riendas a nuestra imaginación inventando canciones sin sentido, como solo él sabe. Nos reiríamos tanto...

Pero espera, espera... ya existe ese mundo. Es solo nuestro, está en el número 60 de una calle cualquiera. Solo que las más de las veces no es un paraíso perfecto, sino que es justo lo que muchos catalogarían como lo contrario. Y no lo cambio, ¿para qué? Imaginar mil formas de regañar a la lluvia no es algo al alcance de cualquiera, ni jugar con perros inexistentes, reconocer las herramientas por el color de su plástico o montar una fiesta porque hemos arreglado el termo del agua caliente.

De los mundos más complejos surgen las verdades más sencillas. Si te llevara la corriente, ¿dónde estaríamos hoy? No quiero saberlo, simplemente nos dejaremos hacer por el aparente caos de tu microuniverso.