sábado, 6 de febrero de 2016

La medida de la felicidad

Si la felicidad tuviera medida y esta medida fuesen objetos de diferente proporción, podríamos decir que ayer tu felicidad era como una tuneladora de grande... También podría decir que era como una ballena azul, una montaña o un rascacielos, pero siendo acordes a la temática, la mejor elección es decir que definitivamente tu felicidad era del tamaño de una tuneladora.

Paciente, cada día, dejas una o dos herramientas en el coche, o las metes en mi bolso con la firme promesa de que las tendrás en tus manos nada más traspasar la puerta del colegio, camino a casa. Cada mañana, las seleccionas cuidadosamente, te aferras a ellas y luego les dices adiós (literalmente) porque sabes que no puedes entrar con ellas al colegio. Es una de tantas normas que has aprendido sin comprender, y que ejecutas de forma mecánica, casi robótico.

Intento recordar en qué momento apareció en tu vida esa pasión por las herramientas, porque siendo bien pequeñito lo tuyo eran los cacharros de cocina... la cuestión es que un día empezaste a querer saber cómo y para qué se usaba un martillo, un destornillador, un nivel, un sargento, un metro, un taladro (o wiuuun como le llamaba Eloy, tan chiquitín que tampoco sabía darle un nombre), una sierra... y así sucesivamente, enriqueciendo tu vocabulario y copando nuestros cajones y estanterías de tal variedad de instrumental, cajas de herramientas y maquinaria pesada, que sería el sueño de un bricomaníaco imberbe.

Ayer por primera y única vez el carnaval te brindó la oportunidad de llevar al cole lo que más quieres, y dejarte ser lo que siempre has querido ser: un mecánico, un electricista, un fontanero, un carpintero... cualquier profesión que te lleve a utilizar herramientas, esas que atesoras como quien ve en ellas el verdadero sentido de la felicidad.

¡Ay, la felicidad!, si pudiera medirse según el tamaño de las cosas, la mía ayer era del tamaño de tus ojos...

jueves, 31 de diciembre de 2015

El año uve

¿Cómo puede una despedirse de un año manifiestamente bueno?, no sé cómo decirle adiós a 2015, quizás porque no quiero dejarlo marchar, temiendo que el que viene, en apenas 5 horas y media, no le llegue ni a la altura de los zapatos.

Este ha sido el año V. V de  viajar, de volar, de vencer miedos. V de vacaciones, de vivencias, de valorar cada reto superado. V de volverte un hombre, de tu voz nueva... V de VICTORIA.

A eso sabe 2015, a victoria. Un 2015 que atesora más pruebas superadas que frustraciones. El primer año de tu vida que has reído más que llorado. La primera vez que veo al hombre que serás y dejo de ver al niño que eras hace ahora justo un año.

El tiempo no va a pararse por mucho que yo lo desee, porque dentro de un rato habremos roto con 2015 y se nos presentarán 365 oportunidades, como dice uno de esos cartelitos tan cuquis que corren por la red... Y aunque me resisto a pronunciar los propósitos que nunca cumplo y a pedir los deseos que sé que nunca se cumplen, sí que estoy en disposición de decir que cada minuto del año que viene voy a maravillarme por tus cambios y voy a dejarte crecer.

Por mucho miedo que me de el futuro estoy segura que será mil veces mejor que el pasado. Porque si algo me ha enseñado el año de la victoria es que hemos luchado tanto solo por traerte hasta hoy, hasta aquí.

Y este momento, este ahora certero, es solo un trampolín de lo que está por llegar... vamos a coger impulso, ¡¡que llega 2016!!



lunes, 30 de noviembre de 2015

Este (no) es un blog normal

Estaba el otro día tendiendo la ropa. Es una tarea que me gusta, me relaja.Vengo de una saga en la que tender la ropa es casi una religión: pinzas uniformes, con los colores a juego con la ropa que se está sujetando, los calcetines colgados desde la puntera, las camisas perfectamente estiradas... Un ritual que he adoptado (solo en parte) como mío, y que como he dicho al principio, me gusta porque me hace pensar.

Pues como os decía, estaba yo en mi momento meditación de tendedora de ropa y de pronto me veo escarbando en el cestillo de las pinzas, desechando aquellas a las que les falta una pata, o tienen rota alguna esquina. Solo elegía de forma obsesiva a las pinzas perfectas, aun cuando las otras, las pobres mutiladas, hacen perfectamente su labor. Funcionan como las que más y a las que de todas formas, en muchísimas ocasiones, acabo eligiendo por necesidad.

Y de pronto me sentí como un director de recursos humanos, un ser que elige en función a lo que ve. Ante dos currículos igualmente brillantes el puesto será para el que no presente ninguna esquina imperfecta, a no ser, claro, que nos acojamos a las subvenciones por contratar esquinas rotas, que entonces sí, pero igual suena abusivo. 

Pensé en que al final con mi manera de seleccionar las pinzas por su color, su forma, su perfección externa, me estaba perdiendo la oportunidad de hacer útiles a todas las pinzas de mi cestillo, válidas, valiosas, capaces, trabajadoras... pinzas que cumplen a la perfección el trabajo para el que fueron diseñadas, pinzas cuyo único pecado fue romperse... ¿o las rompí yo?

La diversidad en el cestillo de las pinzas es como la diversidad en la vida cotidiana, pensemos en todas esas ocasiones en que miramos el mundo como directores de recursos humanos, apartando del sendero de la capacidad a quien no solo puede sino que debe estar por sus propios fueros, porque fueron incorporados al mundo para sentirse útiles, capaces y activos.

Porque fuimos incorporados a este mundo para ser lo que nos de la gana de ser. Porque el peor director de recursos humanos somos nosotros y las trabas de nuestra propia mente.

PINZAS DEL MUNDO, ¡¡¡UNÍOS POR LA INCLUSIÓN!!!

Ya os lo avisé. Este no es un blog normal... ¡y menos mal!

3 de diciembre día de la (dis)CAPACIDAD

lunes, 12 de octubre de 2015

La carrera de un luchador

Esta mañana muy temprano llovía. Y te escuchaba pelearte en voz bajita con la lluvia. Fui a hacerte compañía para intentar arañar unos minutitos más en la cama y procurar que te calmaras, tu preocupación, como siempre, era que la lluvia lo ensucia todo. Y luego, sofocado has preguntado "¿hay carrera?".  ¿Quién tiene corazón para quitarte la ilusión de enfrentarte a  tu primera carrera urbana?, por primera vez tu motivación era hacer lo mismo que Eloy... correr.



Y allá que nos hemos plantado, con la amenaza de lluvia en el horizonte pero con un cielo que este año ha querido descansar para los más peques de San Pedro.

A medida que iban saliendo las otras categorías, tú ibas perdiendo interés por correr, más afanado en arreglar la ambulancia del DYA, que por un momento hemos pensado que no lo harías... pero con la promesa de que la ambulancia si no corrías no iba a arrancar te has puesto en la salida, de la mano de un superhéroe al que familiarmente llamas papá, y un poquito más allá, Eloy, expectante, nervioso...

Cuando ha sonado el pistoletazo de salida he visto que salías el último, y de pronto incluso has dudado, creía que te parabas, pero no,  has salido dando la vuelta a la calle Marqués de Estella y luego he dejado de verte, de veros, durante un kilómetro. El kilómetro más largo de mi vida. Ya ves, yo que me limitaba a esperar.

Primero ha pasado Eloy, mi pequeño campeón, con esa carita tan bonita sufriendo, pero luchando, siempre luchando...


Y mucho  más tarde, después de que tu club de fans me hiciera señales desde la curva anterior, esperaba verte llegar, no sabía si andando, corriendo o con una mezcla de ambos. No sabía si cansado, derrotado, feliz o enfadado. No sabía si rompería a llorar o me pondría a correr contigo... Mil días y mil noches, cientos de momentos concentrados en el instante en que te vi torcer la curva con el superhéroe de tu mano, empujándote, animándote, llevándote a rastras si hace falta, como casi todo en tu vida.


A medida que te acercabas  a la meta se te han ido sumando amigos  y amigas, personas que te quieren, que te han llevado en volandas hasta el final, todos al grito de ¡Salva tú puedes! Y claro que puedes...

De todo lo que pensé que haría al verte, he cumplido una: he llorado, concentrada, triunfante, emocionada... Nunca pensé que querrías hacerlo, y tenía dudas sobre si terminarías. Pero el superhérore te prometió una fanta al acabar y eso mueve montañas. Al final te he abrazado y con tu cara de pocos amigos me has dicho "uuuffff, sudor... chorreando", y entonces me he tenido que reír. 

Porque así eres tú, el de las emociones a flor de piel. Con tu capacidad de superarte, de superarnos, de emocionarnos y de hacernos vibrar. Haciendo carreras diarias, ya sea para aprender una palabra nueva o ya sea para atarte los cordones. Cada día una batalla. La de hoy solo una de las cientos que vendrán.



NOTA: POR MOTIVOS DE PROTECCIÓN AL MENOR LAS FOTOS QUE ACOMPAÑABAN ESTA ENTRADA HAN SIDO ELIMINADAS. MUCHAS GRACIAS POR VUESTRA FIDELIDAD Y COMPRENSIÓN.

martes, 15 de septiembre de 2015

Donde la inercia nos lleve

Ayer estuvimos viendo Forrest Gump los niños y yo. No recordaba lo emotiva que puede llegar a ser, reconozco que el momento en que Jenny le dice que tiene un hijo y su pregunta es saber si es como él, a mí me llega al alma, por razones que podéis imaginar...

Eloy me preguntaba muchas cosas y se pasaba todo el tiempo comparando la situación de Forrest a la situación de Salva, "mamá, ¿te imaginas que Salva corriera así?"o "Buba está obsesionado con las gambas, como Salva con sus móviles", y cada vez que pasaba algo emotivo me miraba y decía "¿estás llorando?"

A todo esto Salva se lo pasaba bomba regañando al teniente Dan por cada taco que decía (y dijo un montón). Una peli, una canción, un sonido estidente, todo es motivo de fiesta para él. No sé si llegó a comprender lo que implicaba Forrest, su superación inconsciente, su habilidad para ver lo bueno, apartar lo malo, aislarse o encontrarse con el  mundo, con una especie de botón OFF/ON que Salva también tiene, y que a veces (cada vez más) deseo para mí, solo sé que se quedó allí hasta el final, lanzando un hilo invisible hacia Forrest, o tal vez, solo se quedó allí porque la música le gustaba.

 No terminé de verla con ellos porque me esperaba mi amiga para irnos a andar, pero cuando se fueron a la cama, Eloy me vino al oído y me dijo "me ha gustado mucho Forrest Gump, al final cuando muere Jenny, se me han saltado las lágrimas", y os digo que este es duro de pelar. Yo le dije que la lectura que había que hacer es la de que cualquier persona, sea como sea, tiene la posibilidad de conseguir lo que se proponga, solo que a algunas personas hay que empujarlas un poquito para que las consigan, o simplemente para que se propongan algo.

Ahora, aquí, os digo que no sé cual es la lectura que hay que hacer... Quizás es que tenemos nuestras vidas tan organizadas, tan cerradas, que pensamos que lo convencional es lo seguro. Todo lo que se sale del camino, lo que sea rodear la vida por senderos intrincados parece fuera de nuestro alcance parece más difícil, parece imposible...

Y sin embargo, no hay imposibles. El motor que nos mueve puede ser el afán de superación, el éxito o la inercia.... y todos valen. Complicamos la vida hasta la enésima potencia, pero puede que el secreto sea la sencillez de la inercia, donde el vuelo de una pluma nos lleve.

Inercia, corazón, querencia. Vivir.

miércoles, 15 de julio de 2015

El sutil filo que separa el yin y el yang


Si miro atrás y observo el camino, creo que lo has hecho muy bien. De una forma u otra has conseguido hacerte un lugar en el mundo, acomodando el entorno para que te fuese menos hostil. Incluso cuando no hablabas yo te entendía. No era un diálogo amable, todo hay que decirlo. La base de nuestra conversación eran tus lloros y mi frustración.

Y viceversa.

Ese viceversa me ha hecho distinta. No distinta al resto de las personas, sino distinta a mí misma. Yo que nunca tuve paciencia, ni serenidad. Yo que dejaba correr un río de lava de la punta de los pies hasta la cabeza. Yo que dejé de ser yo, para ser quien tú necesitabas que fuera.

Tú. Tus circunstancias. Mis miedos. Nuestra vida.

Has moldeado mis neuronas hasta hacerlas ágiles. Atenta a cada cambio imperceptible de tu voz, que a veces no es tan imperceptible. Me vienen a la mente imágenes que nunca podré borrar de momentos en que el huracán que llevas dentro sale magnífico, arrollando, destruyendo, arrasando...

Y cuando te das cuenta... oh, cuando te das cuenta...

Me desgarra más oírte decir "no puedo evitarlo, yo me quiero portar bien". Porque sé que es verdad, que no puedes evitarlo, que lo que te mueve a dejarte ir es saber que ya no puedes arreglarlo. Y entonces yo quisiera, mataría por poder explicarte con mis ojos que sí tiene arreglo. Que todo se arregla entre nosotros, que nada puede rompernos.

Hemos vivido tanto... Nunca pensé llegar tan lejos.  Y sospecho que es el principio: ir de viaje, buscar alternativas, pensar antes de ejecutar. Reflexionar, negociar, aprender de tus errores... Valorar tus opciones.

Ser irónico.

-Eloy: ¿Salva, dónde está mamá?
-Salva: No sé... se ha ido volando por el cielo...

Las risas. Si solo pudiera sostener las risas en el tiempo... 



lunes, 15 de junio de 2015

Tus alas, nuestra libertad.

El 23 de octubre de 2006, el mundo dejó de girar. Fue imperceptible, solo un segundo. El mundo se paró. Mi corazón también se paró. Y al momento tuvo que obligarse a volver a latir. Por ti, por tu hermano, porque no podía hacerme diminuta y desaparecer. Porque las leyes de la naturaleza no pueden incumplirse. Porque "solo" era un diagnóstico...

Me monté una película en mi cabeza. Sentía que todo se complicaba, que el futuro era negro y hostil. Que la gente, la sociedad, los astros no iban a comprenderte. Quería cogerte en brazos y salir corriendo. Pero debía coger un vuelo de regreso a casa, a instaurarnos en nuestra rutina. A seguir golpeando los días, abriendo los ojos y diciéndome a mí misma "vamos, que nos vamos...". Por ti, por tu hermano. Por mí.

No sé qué me imaginaba. Bueno, sí que lo sé. Me imaginaba que no tendrías amigos, que no encontrarías el amor, que estarías condenado a la soledad. Me imaginaba que yo tendría que bañarte siempre, que iríamos de la mano por la calle eternamente, envejeciendo juntos, inseparables. Y me ahogaba la pena. Solo lloraba, y lloraba y volvía a llorar.

Y entonces, empezamos a construir una realidad... esa en la que nosotros te empujamos a todo y tú decides si quieres o si no. Una realidad que no se diferencia demasiado de la realidad de cualquier adolescente de 13 años. Una realidad en la que hay días que no te aguantas ni tú y otras en la que eres adorablemente comestible. Un presente nada oscuro, preludio de un futuro luminoso. Donde te bañas solo, vas por la calle a tu bola oyendo música, tienes amigos a porrillo y yo he aceptado que haces las cosas que haces porque te gusta hacerlas, no porque no te quede más remedio.

El 15 de junio de 2015, el mundo ha dado una vuelta de campana completa. Ha sido imperceptible, solo un segundo. El tiempo que ha tardado el autobús en ponerse en marcha y yo te he visto alejarte sonrisa en ristre... a Huelva, de viaje. De viaje de estudios. Lejos de mí cuatro días. Y ya no hay más cordones umbilicales que romper. Solo mil plumas más que colocar para que un día, no muy lejano me temo, acabes de desplegar las alas. Tus alas, nuestra libertad.