
Me inspiran sus notas en el FB. Unas porque no pienso igual que ella y por eso aprendo. Otras porque pienso exactamente igual y me asombran... otras, como la de hoy, porque me imagino así: viajando con mi marido y mis hijos y disfrutando los cuatro (en su caso cinco) de una tarde de parque de atracciones, de tapas, de paseos, de metros, buses y trenes... Porque miro a través de su ventana las cosas a las que inconscientemente renunciamos cuando la vida nos pone ante tesituras inimaginables.
Un día viajaremos con una agenda apretada de actividades, lo sé. Incluso ahora podemos hacerlo, pero condicionar a todos por cambios de humor imprevisibles, porque dejamos atrás la brocha, la llave, el móvil o el boli verde... porque no quiere dormir, comer, andar o ir hacia la izquierda, la derecha o el centro... en realidad da igual la dirección, porque él siempre tiene una idea contraria. Condicionarnos, repito, a sus no-sabemos-como-va-a-reaccionar-ante-un-cambio no compensa la tremenda ilusión que me hace llevarlos a un parque de atracciones a disfrutar. Solo eso.
Y viajar sin él no procede, señoría.